sábado, 17 de octubre de 2026

"Simulacro y simulación" en la era del algoritmo

Ahora que vuelvo a leer, ha caído en mis manos un ensayo llamado "Simulacro y cultura" (1978), del filósofo francés fallecido en 2007 Jean Baudrillard.

Para aquellos que hemos profundizado en las múltiples capas de la película de las hermanas Wachowski The Matrix (1999), este filósofo es conocido por haber inspirado en parte el propio concepto angular que despliega el filme, concretamente el de la utilización por la IA del programa Matrix como realidad falsa generada computacionalmente para simular la realidad auténtica, siendo la simulación, a su vez, un espejo invertido, exactamente lo contrario que la realidad que simula. 

Esta premisa que parece un trabalenguas es lo que propone dicho ensayo filosófico: la idea de que gran parte de lo que nos rodea, de las situaciones, comportamientos e ideas que conforman nuestro día a día y nuestra realidad, no son más que simulaciones de otras realidades que no existen, y que paradójicamente, son lo contrario de lo que fingen ser. 


En el texto se hace referencia a un ejemplo concreto pero muy ilustrativo: las tumbas de los faraones egipcios. En su origen milenios atrás, enterrar al faraón en su tumba era un acto de intimidad absoluta, puesto que el propio ritual del enterramiento en sí exigía unos ritos religiosos específicos que aseguraran que el cuerpo y el alma del dios rey faraón descansaran eternamente bajo una calma y silencios absolutos en un lugar ocultado al resto del mundo. Esa era su auténtica naturaleza: la ocultación, la desaparición. 

Pero en la modernidad actual, insensible a los ritos simbólicos, cuando se encuentran las tumbas por los arqueólogos, estas son vaciadas de sus objetos, rituales y símbolos, extrayéndose los mismísimos cuerpos momificados de los faraones de sus ataúdes, para sacrilegio absoluto del ritual original, a fin de ser acto seguido expuestos en museos abiertos al público, donde la sala de exposición a su vez simula el espacio que ocupaban en las tumbas, de forma que son así expuestos y contemplados por miles de ojos extraños día y noche. El simulacro es por tanto, total, ya que "imita" la realidad del original, pero la simulación destruye por completo su significado original, hasta llevarlo a una naturaleza que es justo la contraria del original: ni intimidad, ni silencio, ni descanso eterno, ni ocultación del mundo. 

No he podido evitar hacer mis propias analogías. Vivimos en la era de lo digital, qué duda cabe, en una dualidad permanente entre nuestras vidas digitales y nuestras vidas físicas. Instagram sería el hito perfecto del simulacro: publicamos fotografías y videos donde mostramos vidas que solo pueden calificarse como perfectas, vidas que en otros tiempos solo podrían llevarse por millonarios aventureros, si acaso. Mostramos cuerpos adónicos, caras filtradas siempre en su mejor y más atractiva versión, sin arrugas ni imperfecciones. Exponemos los más fascinantes y exóticos viajes. Comemos auténticos manjares.  No paramos de realizar estimulantes actividades.  Mostramos objetos de marcas deseadas. Vestimos ropas que siempre nos sientan bien. En definitiva, el algoritmo, que en el fondo nos muestra lo que queremos ver, nos presenta vidas que son la mejor versión de las vidas que podríamos imaginar. Nos pone ante un espejo de cientos, miles, millones de personas llevando vidas aparentemente espectaculares, mientras otros tantos millones las contemplan y las ansían.

No es un secreto para nadie que en realidad todo es una gran farsa: cada publicación esta preparada, todo está simulado: cada pose, la luz, cada objeto, cada lugar visitado. Lo real es la anécdota sobre el total. Estas vidas perfectas son la simulación grotesca de una realidad que no existe, pero que se intenta por todos los medios digitales posibles fingir. Se recrean vidas felices, sin imperfecciones, que realmente no se tienen, y que en su gran parte, no existen en la vida real. 



El simulacro, es decir, la hiperrealidad, trata y a menudo logra sustituir así a la propia realidad, trata de ocultarla imitándola en su mejor versión, el mapa sustituye al territorio, citando a Borges. Pero, a su vez, es una falsa imitación, puesto que la realidad auténtica es justo lo contrario de lo que el simulacro digital muestra. 

La mayor parte de la población, incluidos quienes publican y quienes observan, viven vidas que nada tienen que ver con la aventura, vacías, solitarias a pesar de la hiperconexión, ahogadas económicamente con salarios que no dan siquiera para lo más básico, la posesión de una vivienda propia. Del mismo modo, la gran mayoría de turistas no tienen, en el fondo, ningún tipo de interés ni inquietud por la cultura ni por los monumentos del país que visitan, salvo claro está, la obtención de las fotos de rigor. Esas pretendidas boyantes economías personales capaces de costear exóticos destinos son financiadas a través de préstamos de terribles condiciones a pagar durante meses o años. Algo similar ocurre con los objetos lujosos que se exponen en las redes: bolsos, teléfonos, coches, ordenadores, televisores, relojes, o joyas, objetos que se compran a través de deudas, o que incluso, rizando el rizo de lo simulado, directamente ni siquiera se compran, puesto que en esta fase del capitalismo se alquilan a través de nuevas modalidades de préstamos financieros como el renting o el leasing. No es que se simule tener la capacidad de poseer, es que se simula incluso la propia posesión.

Las redes sociales hiperadictivas, creadas, mantenidas y perfeccionadas permanentemente por el tecnofeudalismo que controla el planeta, son las responsables últimas de perfeccionar y universalizar la simulación de la realidad en que vivimos. Una mentira colectiva global, alimentada por millones de simulaciones de vidas perfectas, que en realidad esconde una verdad mucho mas turbia y oscura: que el simulacro digital sirve al objetivo último de ocultar el desierto de lo real.


martes, 14 de abril de 2026

Mapa de los sonidos frikis de Madrid (Parte 1)

Ha sido como un abrir y cerrar de ojos. Sin darme apenas cuenta, hace ya más de cuatro años que vivimos en Madrid. Los funcionarios medimos la vida en trienios, luego ya hemos hecho un trienio en la capital de España y casi vamos a por el segundo. Han pasado tantas cosas que siento cierto vértigo al recordarlas, pero lo importante es que nuestra vida a cambiado para mejor en la mayoría de los aspectos posibles.

Uno de ellos, el que se me hace fundamental, es que he descubierto un universo en expansión en cuanto a lo que a mis aficiones. Esta ciudad, sé que es habitual decirlo, le permite a uno encontrarse a sí mismo, ser quien realmente es. Para los que somos de provincias, encontramos en sus calles abarrotadas lo que no hemos encontrado en nuestras ciudades de origen: la construcción de un yo sin reproches. 

Quien me conoce de verdad sabe de mi temprana afición a gran parte de lo que se viene a llamar mundo friki: mangas japoneses, comics americanos, animes, videojuegos en todas sus formas posibles, películas y libros de ciencia ficción, cartas coleccionables (el año pasado fue sin duda el de Star Wars Unlimited), rol (por fin terminé Vampiro: La mascarada), consolas (PS4, emuladoras de Anbernic, Game Boy, PSP, Steamdeck...) , cine alternativo, figuras, series de televisión... Mis aficiones, huelga decirlo, me han definido, pero también mis carencias a la hora de poder cultivarlas. 

Porque la realidad es que gran parte de mi vida me he sentido forzosamente alejado de mis aficiones. He sentido que no podía disfrutarlas en su necesaria medida y sobre todo, que no podía compartirlas con demasiada gente, salvo con un grupo selecto de amigos. En Badajoz las tiendas de este género nunca han sido especialmente buenas. Lo que ha llegado ha sido, siendo generosos, deficiente. 

En mi adolescencia y primera juventud estuve prácticamente huérfano de amigos con quien compartir esa parte de mis aficiones que tanto me estimulaba. Como adulto tuve la suerte de poder compartirlas con un grupo de amigos, algunos de los cuales formaron eso que se llamó en su día el club Vradbury de Badajoz. Es triste y doloroso admitir que aquel grupo acabó, por motivos que no vienen al caso, como el rosario de la aurora. Es duro pensarlo en esos términos, ciertamente, porque cada sombra tuvo sus luces, pero algunos náufragos del desastre fuimos capaces de construir nuevos refugios en nuevas islas. Eso sí, siempre en islas, siempre aislados, siempre en esa dinámica entre la supervivencia intelectual y la desesperanza por el futuro.

Temporalmente, el final de aquella etapa coincidió con el inicio de mi mudanza a Madrid. Encontré cierto refugio en aquellos tiempos revueltos en el cultivo de mis aficiones, ahora sí sin las ataduras de una ciudad pequeña. Madrid de repente me ofrecía un abanico inmenso de posibles lugares-refugio, de tiendas donde curiosear, comprar, aprender lo que me interesa y me gusta, y en fin, ser yo mismo. Al tiempo que la realidad se hacía mas oscura, y que el mundo tal como lo conocíamos hasta ahora se venía abajo, podía sin embargo encontrar un abanico inmenso donde encontrar todo aquello que siempre me había interesado, y tengo el privilegio de haberlo hecho además en compañía de Pri, que  a su vez ha ido uniéndose a mi afición por estos mundos de ficción y fantasía compartidos hasta navegar sola cultivando sus propios gustos.

Procedo a continuación a una serie de artículos sobre esos lugares fascinantes que componen, sin Coixet mediante, el mapa de los sonidos frikis de Madrid.

lunes, 12 de julio de 2021

Alianza Cien, un placentero viaje

 

No suelo pasear tanto como solía, pero en plena desescalada del primer confinamiento, a finales de mayo de 2020, el deseo por volver a hacerlo llevó mis pasos a un simpático redescubrimiento de las librerías pacenses de siempre. Acabé, a causa de trámites cercanos, en la librería Colón, una de las más antiguas de la ciudad, situada en una suerte de semisótano de la avenida Santa Marina.

Hacía bastante tiempo que no iba por allí, así que me detuve a curiosear durante un buen rato. En cierto momento, de forma inesperada, di con un pequeño tesoro de esos que sólo se puede encontrar en librerías que cuentan canas. En una columna, en la balda de debajo de una estantería olvidada, se encontraban varias decenas de viejos ejemplares de libritos de la colección Alianza Cien. La sorpresa fue mayúscula, porque recordaba bien aquella colección a causa de que mi padre, en su biblioteca personal, poseía varios de ellos comprados en algún momento de los años 90. Como libros, tenían el tamaño perfecto para llevarlos y leerlos en cualquier lugar: el metro, una cafetería, un parque, de viaje… Apenas son mas grandes que el tamaño de la mano, su grosor no solía pasar de las 120 páginas y su peso era insignificante.

Movido por el descubrimiento, compré tres o cuatro ejemplares por pura curiosidad, ya que los autores publicados, a simple vista, parecían casi todos buenos. Los ejemplares, ni que decir tiene, estaban como nuevos a pesar del tiempo que debían llevar allí, más de veinte años. Y por supuesto, su precio, actualizado ahora a 1 euro, era asombrosamente tentador.

Ya en casa continué investigando sobre los mismos. Para mi deleite, esta colección de Alianza Cien no hizo más que sorprenderme gratamente. Resultaba que la colección completa se componía de un total de cien números. Todos habían sido publicados a mediados de los años 90 por la Editorial Alianza al precio simbólico de cien pesetas cada uno (0.60 céntimos de hoy). Alianza Cien, cien números, cien pesetas. El juego de palabras estaba claro.

La colección poseía un propósito bien definido, expresado en la primera página de cada ejemplar, que era el de “acercar a todos las mejores obras de la literatura y el pensamiento universales en condiciones óptimas de calidad y precio, e incitar al lector al conocimiento más completo de un autor, invitándole a aprovechar los escasos momentos de ocio creados por las nuevas formas de vida”. Cultura popular y precios populares. Esta declaración de intenciones no deja de asombrarme, por su rareza en sí y por el rigor con que fue llevada a cabo. Quizás, lo que más me asombra, es la grandeza de su propio objetivo, hijo de una modernidad donde aún existía esa esperanza por cambiar el mundo. ¿Cómo no percibir en esta iniciativa cultural la fuerza de una época aún utópica?

Los autores que la Editorial Alianza cuidadosamente seleccionó están entre lo mejor de lo mejor. La colección en sí incluye varias partes bien diferenciables, que podríamos clasificar entre literatura, música, pintura y ensayo.

Encontramos en la parte principal, la dedicada a la literatura, a escritores como Borges, Cortázar, García Márquez, Joyce, Cervantes, Wilde, London, Delibes, Conrad, Camus, Ayala, Baroja, Gaite, Lovecraft, Lorca y un sinfín más de primeros espadas de la literatura española y universal. Es cierto que llama la atención, con ojos actuales, la ausencia de más escritoras. En cualquier caso, la selección, valga la redundancia, fue excelente, y quien se propusiese leerla al completo en aquellos años, qué duda cabe, debió lograr un poso literario y cultural de primer nivel.

La parte dedicada a la música clásica incluye las biografías de grandes músicos y compositores de la antigüedad: Mozart, Beethoven, Bach o Vivaldi, entre otros. También una “Introducción a la historia de la música” escrita por Amat y Turina. Cada libro, por añadidura, proporciona en la última página una selección las obras clásicas más reconocidas del compositor al que está dedicado, nueva invitación al lector a que busque y por sí mismo se cultive. Utópico, ya digo. Hoy, por supuesto, ya nadie tiene interés en mejorar(se).

En la parte que denomino de ensayo, encontramos, entre otros, una exquisita “Breve historia del Museo del Prado” por Calvo Serraller (¡Magnífica! La disfruté muchísimo), un ensayo sobre el liderazgo y las jefaturas de Harris, otro sobre el mito nacionalista por Savater (sí, aquel Savater que nos gustaba tanto), un análisis de la historia de las drogas por Cohotado, un ensayo sobre la búsqueda de las especias por Ritchie o una breve historia de España por García de Cortázar, entre otros.

Ya por último, en cuanto a la parte dedicada a la pintura, la estructura es básicamente similar a la parte musical, incluyendo biografías de algunos de los grandes pintores universales ligados a España como Goya, Velázquez, Picasso, Murillo, El Greco o Dalí. La idea central permanece: que el lector se cultive y aprenda.

Documentándome para escribir estas líneas leo que la colección logró el Premio Nacional a la mejor labor editorial en 1995 y no dejo de asombrarme por la relevancia cultural de una iniciativa de este calado en un país como el nuestro. Comentándolo con amigos, es difícil encontrar una casa donde se lea que no posea en sus estanterías a uno o varios de estos ejemplares. El alcance de esta colección debió ser en su época inmenso, y su legado cultural, único, probablemente irrepetible. ¿A cuántos lectores influyó Alianza Cien?

A mí, sin duda, ya lo está haciendo. Actualmente he logrado reunir 85 de los 100 ejemplares, que he ido adquiriendo de diversas maneras, incluyendo el mercado de segunda mano, y espero poder completar en algún momento la colección entera. El orden de lectura que sigo es el orden en que aparecieron, pues imagino que los editores le dieron algún sentido al mismo más allá del comercial.  Como sea, los voy intercalando con otras lecturas pendientes y hasta el momento ya he tenido el placer de descubrir a varios autores a los que sólo conocía de oídas. Aún estoy digiriendo el bistec de London o la infancia amortajada de Delibes. Qué decir de los sabios consejos de Gracián. Pienso ahora, incluso con algo de pena, que ojalá hubiera dado con esta colección mucho antes. Una autovía directa a lo mejor de la literatura, eso es esto, en suma. Un legado impresionante de grandes obras y autores. Algo precioso, irrepetible. Un viaje, no sé si hacia la cultura en general o hacia la literatura en particular. Quizás, en realidad, un viaje hacia uno mismo, pues ¿no es en el fondo eso toda la literatura?

 

Me ha sido imposible encontrar el listado entero de libros de Alianza Cien publicado en internet, así que lo he recopilado yo mismo. Lo dejo aquí, por si interesa a alguien en el futuro.

 

Colección Alianza Cien – Listado completo

0.     Gracian - Oráculo manual y arte de prudencia

1.     Delibes - La mortaja

2.     Carpentier - Guerra del tiempo

3.     H.P.Lovecraft - El horror de Dunwich

4.     Isaac Asimov - Los lagartos terribles

5.     Carmen Martin Gaite -  El balneario

6.     Borges - Artificios

7.     Jack London - Por un bistec. El chinago.

8.     Harris - Jefes, cabecillas, abusones

9.     Ayala - El hechizado. San Juan de Dios

10.   Julio Cortazar - El perseguidor

11.   Wilde - El fantasma de Canterville

12.   Darwin - Autobiografia

13.   Baroja - La dama de Urtubi

14.   García Márquez - El coronel no tiene quien le escriba

15.   Conrad - Una avanzada del progreso

16.   Anne de Keravsdoué - El cuerpo femenino

17.   García Lorca - Yerma

18.   Rulfo - Relatos

19.   Poe - Los crímenes de la calle Morgue

20.   Caro Baroja - El señor inquisidor

21.   Cela - Café de artistas

22.   Pablo Neruda - Veinte poemas de amor y una canción desesperada

23.   Stendhal - Ernestina o el nacimiento del amor

24.   Braudel - Bebidas y excitantes

25.   Cervantes - Rinconete y Cortadillo

26.   Carlos Fuentes - Aura

27.   Joyce - Los muertos

28.   García de Cortázar - Historia de España

29.   Ramón de Valle – Inclán- Sonata de primavera

30.   Octavio Paz - Arenas movedizas. La hija de Rappaccini

31.   Guy de Maupassant - El Horla

32.   Gerald Durrell - Animales en general

33.   Mercé Rodoreda - Mi cristina. El mar.

34.   Adolfo Bioy Casares - Máscaras venecianas. La sierva ajena.

35.   Woolrich - La marea roja

36.   Amin Maalouf - La invasión

37.   Juan García Hortelano - Riánsares y el fascista. La capital del mundo.

38.   Alfredo Bryce Echenique - Muerte de Sevilla en Madrid

39.   Hans Christian Anderssen - Cuentos

40.   Escohotado - Las drogas, De los origenes a la prohibición

41.   Juan Benet - Sub rosa

42.   Mario Benedetti - La vecina orilla

43.   Sartre - La infancia de un jefe

44.   Schulz - La fiesta, De las Saturnales a Woodstock

45.   Gustavo Adolfo Bécquer - Maese Pérez el organista. La corza blanca.

46.   Quiroga - Anaconda

47.   Highsmith - Siete cuentos misóginos

48.   Ritchie - La búsqueda de las especias

49.   El Greco - Francisco Calvo Serraller

50.   Ribera - Alfonso E. Pérez Sánchez

51.   Velázquez - Julián Gállego

52.   Murillo - Enrique Valdivieso

53.   Goya - Valeriano Bozal

54.   Picasso - Juan Antonio Ramírez

55.   Dalí - Agustín Sánchez Vidal

56.   Breve historia del museo del Prado - Francisco Calvo Serraller

57.   Aldecoa - El corazón y otros frutos amargos

58.   Galeano - Mujeres

59.   Hammett - Una mujer en la oscuridad

60.   Deleito y Piñuela - El desenfreno erótico

61.   Larra - Artículos

62.   Ernesto Sábato - El dragón y la princesa

63.   La dama de Escalot - (Anónimo)

64.   Vidal Manzanares - Los manuscritos del mar muerto

65.   Antonio Machado - Antología Poética

66.   Monterroso - El eclipse y otros cuentos

67.   Kafka - En la colonia penitenciaria

68.   Ray Hazas Sevilla Arroyo - Cervantes, vida y literatura

69.   Perucho - Las sombras del mundo (cuentos)

70.   Darío - Verónica y otros cuentos fantásticos

71.   Stevenson - El diablo de la botella

72.   Freud - Los sueños

73.   Unamuno - San Manuel Bueno, mártir

74.   Arlt - Noche terrible. Una tarde de domingo

75.   Chéjov - La corista y otros cuentos

76.   Luis Carandell - Madrid

77.   Vázquez Montalbán - Cuarteto

78.   Lugones - El vaso de alabastro y otros cuentos

79.   Hesse - Alma infantil. Mes de julio

80.   Guzmán - Dioses y héroes de la mitología griega

81.   Pequeña historia de la música - Carlos Gómez Amat, Joaquín Turina Gómez

82.   Bach - Luis Carlos Gago

83.   Mozart - Rafael Pérez Sierra

84.   Beethoven - Ángel Carrascosa

85.   Chopin - Rafael Ortega

86.   Chaikovsky - Javier Alfaya

87.   Dvorák - Domingo del Campo

88.   Falla - José Luis García del Busto

89.   Torrente Ballester - Farruquiño

90.   Tabucchi - Los últimos tres días de Fernando Pessoa

91.   Amado - Memoria de un niño

92.   Savater - El mito nacionalista

93.   Pérez Galdós - Torquemada en la hoguera

94.   Nabokov - La veneziana

95.   Marco Aurelio - Meditaciones

96.   John Stuart Mill - Diario

97.   Rafael Dieste - Camino de Santiago y otros relatos

98.   Faulkner - Humo

99.   Duby - Leonor de Aquitania. María Magdalena

100. Camus - El verano

 

"Simulacro y simulación" en la era del algoritmo

Ahora que vuelvo a leer, ha caído en mis manos un ensayo llamado "Simulacro y cultura"  (1978) , del filósofo francés fallecido en...