jueves, 9 de julio de 2015

Crítica de "París era una fiesta", de Hemingway.



Las pasadas navidades decidí regalarme París era una fiesta, un libro de Hemingway que básicamente es una recopilación póstuma de relatos cortos sobre su vida en el París de postguerra de los años 20. 

Elegí una edición de la editorial Lumen que me pareció muy atractiva, ya que presentaba una encuadernación de gran calidad y una portada vistosa (además de un precio alto), pero que resultó tener un traductor muy malo cuyo nombre no revelaré por escrito, pero que tuvo los huevos de poner su nombre en la mismita portada junto al del Hemingway. Hasta que no vi traducido "cool guy" como "tío frio"  no me convencí de que no eran piruetas literarias de Hemingway que yo no estaba comprendiendo sino simples faltas de traducción.

Pasando por alto esto, el libro me parece curioso por varios motivos.

El primero es porque Hemingway relata en varias ocasiones su rutina diaria de escritor, consistente básicamente en buscar un café donde pasar la mañana o la tarde escribiendo en algún cuaderno, con la esperanza de no ser molestado. Puro postureo, pero de divertida lectura habida cuenta de los personajes que encuentra en los cafés.

En segundo porque en sus años parisinos, Hemingway y su mujer se cruzaron con lo más selecto de los artistas de la belle époque: Gertrude Stein y su noviamiga, Scott Fitzgerald y la loca de Zelda, Picasso, Ezra Pound... Para mi, las relaciones con Stein y con Fitzgerald son las más interesantes de leer, suponiendo que algo de lo que se cuente sea real.

El tercero es por las curiosas pequeñas anécdotas que se cuentan. La más interesante, cuya veracidad está comprobada históricamente, es la del robo de todos y cada uno de los relatos que Hemingway había escrito hasta la fecha, la famosa maleta robada en la estación. Sentí bastante lástima al leerlo, y se nota un punto disimulado de amargura en el relato. Al fín y al cabo, Hemingway era un macho alfa y nunca se mostraba débil, ni siquiera en la ficción relatada. Pero es fácil imaginar la frustración que puede provocar a un escritor perder para siempre toda su obra. Al leerlo, pensé que nunca se sabe, que quizás algún día aparecería en algún sótano en una caja olvidada, pero siendo sinceros, con toda probabilidad están perdidos para siempre.

En definitiva, un buen libro para leer sin más pretensiones que el propio entretenimiento. Es un relato con la suficiente ligereza para no aburrir al lector, aunque tampoco termina de ser una de esas historias que atrapan. No hace falta tener que releerlo si se deja a la mitad por unos meses. Es un buen libro para leer en los ratos libres si vas de vacaciones a la playa.

Nota: Le doy un 6 sobre 10. Bajo puntuación por la pésima traducción, una pena dada la calidad de la encuadernación, que sí es sobresaliente.

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